CONOCER EL PUEBLO DONDE HEMOS NACIDO ES APRENDER A AMARLO:
Foto: Beto Mendoza
Por: Dionicio Mantilla León.
¡Cuando un revolucionario muere, nunca muere! Enérgico y orgulloso grito del pueblo cuando por designio del destino uno de sus líderes muere físicamente, cuando se apaga la llama votiva de la vida de uno de sus guías, modelo de consecuencia, capacidad y honestidad, cuya vida y obra sin mácula graficaron la rutilante senda digna de ser seguida por los demás. Una senda que es símbolo de eternidad y del nunca morir.
Un clásico grito pronunciado con fuerza en las ágoras públicas, en las calles, en los campos, en los centros laborales por los hombres y mujeres de los movimientos populares, los gremios de trabajadores, los colectivos sociales que nutridos del crisol de ideales dejados como legados por sus líderes enarbolan las banderas de la esperanza en un cambio profundo, justiciero, porque el verdadero revolucionario es eso: el abanderado del cambio y el heraldo del futuro con bienestar.
Ejemplo paradigmático de revolucionario fue, es y seguirá siendo por siempre jamás, Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios. Un ser extraordinario, incomparable, que con su doctrina de amor y su pregón de la verdad, la libertad y la justicia cambió el rumbo de la historia de la Humanidad. Revolucionarios también fueron, son y seguirán siendo los hombres y mujeres excepcionales que en el mundo, con la validez de sus vidas, señalaron, señalan y seguirán señalando el rumbo y el renovado horizonte de la civilización, el horizonte de un mundo nuevo y digno. Seres indispensables, sin cuyo concurso el motor de la historia y la civilización se hubieran detenido.
Uno de los revolucionarios, eterno pregonero y luchador por la libertad y la independencia fue el Dr. José Faustino Sánchez Carrión. Él, como todos los seres superiores predestinados a ser los constructores de las grandes obras de la Humanidad nació en un lugar alejado de la opulencia, en un pueblo acunado en las estribaciones del ande de La Libertad, allá en las alturas junto al frío, al ichu, a los liclics y los cóndores. Allá, donde día a día nace el Sol trayendo el pan de la esperanza.
Un ser cuya llama luminosa de su vida se encendió en Huamachuco un 13 de febrero de 1787 y se apagó un 2 de junio de 1825, en la localidad de Lurín (Lima). Fueron únicamente 38 años de existencia física de un sembrar de ideas revolucionarias por los caminos de la Patria que luego fructificaron convirtiéndose en luces de dignidad. Como el mítico centauro milenario trasmontó los andes llamado por el destino para cumplir una noble misión: Construir la República Peruana y con ella dar pase a la nueva aurora para América Latina, cambiando tres siglos de opresión por los frescos y vivificantes aires de la libertad y la independencia.
¡QUÉ SERÍA DE LA PATRIA PERUANA SI…!
¿Qué sería de la Patria Peruana si no hubiese existido el huamachuquino sin par? ¿Quién otro personaje hubiese hecho lo que él hizo? ¿Qué hubiese sucedido de no haber sido formado él como el futuro líder de la Patria por sus padres y hermanos los indígenas? ¿Qué hubiese ocurrido si hubiese sido sacerdote y no hubiese optado por seguir la profesión de Abogado? ¿Quién si no él hubiese osado liderar las protestas juveniles del Convictorio Carolino enfrentándose a los tiranos virreyes? ¿Qué hubiese ocurrido de no haber estudiado él en el Convictorio Carolino junto a sus maestros libertarios como Toribio Rodríguez de Mendoza a quien luego superó? ¿Si no se hubiese nutrido de la sabiduría de las ideas de Libertad y Derechos Humanos que trajeron consigo la independencia de Norteamérica y la gran Revolución Francesa? ¿Quién hubiese escrito entonces las cartas revolucionarias que suscribiera como el Solitario de Sayán”
¿Qué hubiese sido de la Nueva Patria de no haber sembrado él la semilla revolucionaria de la República en lugar de la Monarquía promovida por San Martín y Monteagudo? Hubiésemos sido gobernados por reyes y tiranos. ¿Qué hubiese sido de la Nueva Patria si él con su lucidez incomparable no hubiese creado la primera Constitución Política del Perú? ¿Qué hubiese sido de la Nueva Patria si con la elocuencia de su verbo no hubiese convencido al Congreso Constituyente de 2822 de la necesidad de invitar al Gran Libertador Bolívar a luchar por la independencia de la patria?
¿Quién sino él hubiese desempeñado con honor, capacidad y patriotismo sin límites el rol de Secretario General del Perú Libre? ¿Quién mejor que él hubiese organizado, en la tierra que lo viera nacer, Huamachuco, el Ejercito Libertador triunfador en Junín y Ayacucho? ¿Quién mejor que él hubiese realizado con total entrega, capacidad y honradez la construcción del Estado Peruano, es decir, la tarea de gobernar la naciente República emitiendo normas para organizarlo y ordenarlo con una nueva distribución política geográfica creando departamentos y también el Poder Judicial, escuelas, universidades, hospitales, caminos, escuelas normales?
¿Quién como el cóndor milenario hubiera alzado el vuelo y oteando la vastedad del territorio de la Gran Patria Latinoamericana hubiera traspuesto las fronteras del país dando los primeros pasos para construir la unidad latinoamericana en el Congreso Anfictiónico de Panamá?
JOSÉ FAUSTINO SÁNCHEZ CARRIÓN FUE, PUES, EL REVOLUCIONARIO DEL PERÚ Y AMÉRICA. ¿Sin embargo, a 189 años de su partida al infinito cuánto hemos hecho por reconocer la valía de su obra y demostrado gratitud? En verdad, cuánto más trascendente es la grandeza de la obra de un personaje mayor es el infortunio y la ingratitud, pues: ¡SANCHEZ CARRIÓN NO TIENE NI CASA NI SEPULTURA! El gran cóndor andino no tiene un nido donde brindar espiritualmente el abrazo de bienvenida a sus visitantes y hablar, a través de sus obras, a las nuevas generaciones. El tercer Libertador de la Patria no tiene donde descansar sus admirables restos. Y, lamentablemente, nadie se preocupa de esto. Pero, Sánchez Carrión, el pro hombre que de la libertad hizo un monumento a la gloria, tampoco tiene un monumento digno de su obra.
No tiene, pero tendrá y será en Trujillo. La gestión, modestia aparte, fue realizada por el autor de este comentario. ¿Cómo surgió la idea?¿Qué trámite se siguió?¿En mérito a que se hizo?¿Cuáles son los detalles de la obra?¿Cuándo se iniciará la obra? ¿Existen documentos probatorios de la gestión? Será tema del próximo comentario.
¡LA LIBERTAD ES MI ÍDOLO Y LO ES DEL PUEBLO! ¡SIN ELLA NO QUIERO NADA!
Nota: El lema que encabeza este comentario pertenece al que suscrito y a partir de hoy, aparecerá siempre.