Un peculiar féretro le ha dado al famélico cementerio del distrito de Laredo un atractivo nunca antes experimentado

Alexia acaricia sin ningún temor la urna de su tío| D. Juárez
Trujillo. En el Cementerio San Idelfonso de Laredo descansan aproximadamente tres mil almas. Lápidas descascaradas, flores abrumadas de polvo, cruces de todos los tamaños, perros sin dueño que quieren apropiarse de la zona y hasta una singular réplica de la fachada de la iglesia de San José de Huanchaco adornan este curioso camposanto, que, además, es utilizado de cortacaminos por los pobladores.
Aquí no vale perder un minuto de la vida, sino ganar minutos, así sea a costa de andar entre tumbas en un cementerio que da pena.
Desde hace más de un año, aquí descansa Lorenzo Castañeda Canchachí, un maestro de construcción civil, viudo y con cinco hijos. Un cáncer al estómago acabó con su vida el 25 de agosto del año pasado, y dejo un hondo recuerdo en cada uno de los miembros de su familia.(la industria)
Aquí los detalles >>>