Pareciera que la PNP se dejada seducir por la corrupción

La sociedad exige que las pesquisas lleguen hasta el fondo del asunto| Difusión
En los últimos años, la institucionalidad de la Policía Nacional del Perú (PNP) se parece, cada vez más, a un vientre de alquiler que entrega lo más profundo de sus entrañas a la codicia del dinero y poder.
Pareciera que dicha entidad se dejada seducir por la corrupción, deshonestidad, plata fácil, impunidad e insensibilidad humana de quienes no tienen el menor remordimiento de conciencia por las decenas de muertes y familias extorsionadas que engrosan las estadísticas de horror en La Libertad.
Esta reflexión se desprende tras la última audiencia en donde la Corte Superior de Justicia dictó prisión preventiva de 18 meses contra el exmilitante del Partido Aprista Peruano (PAP) y otrora asesor del congresista César Zumaeta Flores, Fernando Gil Palacios ‘Ñato Gil’, y el suboficial de la Policía Carlos Edgardo Silva Martínez, por los presuntos vínculos con la sanguinaria organización criminal ‘Los Plataneros’.
Es así que gracias a la lectura de la transcripción de audios, realizada por la fiscal superior Lea Guayán Huaccha, se supo que estos dos personajes mantenían conversaciones telefónicas con Luis Alberto Rodríguez Arce, alias ‘Chiquilín’, y César Velásquez Montoya (a) ‘Chino Malaco’, miembro y líder de ‘Los Plataneros’, respectivamente.
Además, se descubrió que Gil hacía alarde de conexiones con altos mandos policiales —dentro de quienes figuraría el exdirector general de la PNP, Raúl Salazar Salazar— para brindar protección a estos desadaptados sociales dedicados a sembrar el miedo en la sociedad.
Desde esta columna, La Industria lamenta sobremanera el hecho de que cada día se descubran más relaciones, contactos y nexos oscuros e irrefutables entre miembros de las Fuerzas del Orden y el crimen organizado lo cual, sin duda alguna, genera más desconcierto y desconfianza en la población.
En tal sentido, creemos firmemente que las autoridades judiciales y del Ministerio Público deben enfilar toda su batería de investigación hacia las pestilentes canteras donde moran roedores uniformados, quienes se aprovechan de su condición de agentes para traicionar al país, a sus coterráneos y a la institución que los acogió.
La Policía Nacional no puede convertirse en una meretriz venida a menos que se vende a cualquier bazofia delictiva a cambio de unas cuántas monedas provenientes de la deshonra e ignominia.
Desde aquí alentamos a la Fiscalía y Poder Judicial para que se fajen bien los pantalones y, de una vez por todas, demuestren que no son unos títeres de leyes garantistas ni torpes autómatas que no tienen capacidad de raciocinio ni criterio para pensar.
La sociedad exige que las pesquisas lleguen hasta el fondo del asunto y se castigue ejemplarmente a los culpables, caiga quien caiga.(la industria)