El 14 de febrero de 1619, 14 siglos después de la muerte de San Valentín, un terremoto de 8.7 grados destruyó la ciudad de Trujillo. Las réplicas duraron varios días después, dejando tras su paso 350 fallecidos, casonas destruidas y, en general, una ciudad en ruinas.
Tanto fue así, que los pobladores trujillanos consideraron la idea de abandonar la ciudad y empezar de cero en otro lugar, mudándose algunos pobladores al valle Santa Catalina. La sede episcopal, incluso, prediciendo la destrucción total de la ciudad, se mudó temporalmente a Zaña, en Lambayeque, pero al ver que los trujillanos no daban marcha atrás, decidieron volver a Trujillo y renacer de entre las ruinas.
Al terminar el proceso de reconstrucción, los trujillanos atribuyeron el milagro de la reconstrucción de una ciudad tan devastada a la bendición de San Valentín, por lo que tanto la municipalidad, como la Iglesia, decidieron declararlo como Patrono y Protector de Trujillo.
Desde entonces, San Valentín en Trujillo significa mucho más que solo el Día del Amor y la Amistad, sino que, también es una festividad para conmemorar el trágico terremoto de 1619 y celebrar el día con actividades realizadas por la Iglesia Católica y por las municipalidades distritales en Trujillo.