La carencia de personal especializado resulta alarmante: menos del 2% de las instituciones educativas dispone de psicólogos para atender episodios de violencia y otras dificultades emocionales que afectan a los estudiantes.
Escasez de psicólogos y la exposición de escolares ante violencia
Para la magíster Ruth Kristal, psicóloga de SANNA, la limitada presencia de especialistas dentro de las instituciones educativas intensifica el problema, pues muchos menores no encuentran una figura a la cual acudir cuando se sienten desprotegidos. “El niño no tiene a dónde recurrir. Normalmente, el profesor está sobrecargado de trabajo y tendría que enfrentar al agresor para proteger a la víctima, pero si no dispone de tiempo ni energía, es posible que ni siquiera perciba lo que ocurre”, sostuvo.
La especialista subrayó la necesidad de que cada colegio disponga de un departamento de psicología, no solo para atender episodios de bullying, sino también otras dificultades como la depresión o los conflictos familiares que influyen en la conducta de los alumnos y muchas veces pasan desapercibidos. “Es posible que algunos estudiantes agresores presencien situaciones de violencia en sus hogares. Son conductas que se aprenden y, cuando llegan al colegio, intentan reproducirlas contra compañeros más vulnerables”, precisó.
Asimismo, el médico psiquiatra Carlos Bromley recalcó que una señal frecuente para identificar episodios de violencia escolar aparece cuando el menor muestra temor de asistir a clases. “Hay múltiples justificaciones con las que intentan evitar ir al colegio. Buscan cualquier excusa para no asistir. Se percibe en su angustia, tristeza, desesperación y nerviosismo. También, el trastorno del sueño es constante, mientras persiste el miedo de que algo adverso les pase”, explicó.
Lima, Arequipa, Piura y La Libertad concentran la mayoría de casos
La información estadística del sistema SíseVe señala que durante 2025 Lima Metropolitana y provincias registraron 7.242 incidentes de violencia escolar. De esa cifra, 3.067 corresponden a agresión física, 3.186 a violencia psicológica y 983 a ataques de carácter sexual. El número representa un incremento respecto a 2024, cuando se reportaron 7.040 situaciones en la capital. En otras regiones también se registran cifras significativas: Arequipa acumuló 1.504 casos, Piura reportó 1.136 y La Libertad un total de 854, donde predominan los episodios de agresión física y psicológica.
Para Miguel Vallejos resulta indispensable que exista al menos un especialista en cada institución educativa del país con el objetivo de frenar el aumento de situaciones violentas, una problemática que muestra una tendencia ascendente en los últimos años. “No existe una conciencia clara sobre los problemas que enfrentan los estudiantes. Falta una mirada preventiva y un trabajo orientado al fortalecimiento de la autoestima”, lamentó.
En ese contexto, el doctor Bromley explicó que diversos factores contribuyen a que algunos menores normalicen las agresiones contra sus compañeros. Entre ellos, mencionó la ausencia de referentes familiares o figuras de autoridad, lo que influye en la manera en la que se desarrollan dentro de su entorno social. “Existen muchas frustraciones cuando los padres no cumplen con las expectativas de los hijos. Algunos crecen prácticamente solos o pasan gran parte de su tiempo en la calle”, explicó.
Un reciente informe de la Contraloría General de la República, elaborado entre el 28 de enero y el 3 de febrero de 2026, advierte que la situación es aún más crítica en Lima. El reporte señala que siete de cada diez instituciones educativas de Lima Metropolitana carecen de psicólogos para atender episodios de violencia escolar en el inicio del año académico. “135 de las 190 instituciones educativas supervisadas no cuentan con un profesional de psicología encargado del tratamiento y la prevención del acoso entre estudiantes o de agresiones de docentes hacia alumnos, una situación que podría afectar la convivencia escolar”, precisa el documento.
El silencio de los estudiantes agredidos
De acuerdo con la psicóloga Ruth Kristal, el agresor suele desarrollar una especie de “radar” para identificar a personas vulnerables, quienes en muchos casos no denuncian lo ocurrido por temor. “El niño afectado se siente acorralado y experimenta mucho miedo porque recibe amenazas como: ‘Si tú me acusas, te irá peor’”, explicó la especialista. Por ello, Kristal considera que la implementación de dinámicas grupales permitiría que los menores pudieran hablar sobre sus problemas en un entorno seguro. “La intervención de un compañero o de un hermano mayor puede darle a la víctima la sensación de que no está sola”, indicó.
Para el psiquiatra Carlos Bromley, cualquier episodio de agresión contra un escolar debe ser evaluado por un profesional de salud mental que determine el daño ocasionado y establezca las medidas terapéuticas necesarias para su recuperación. “Esto —una agresión— se considera un trauma (…) Es fundamental acompañar al menor que sufre violencia escolar, permanecer a su lado, brindarle seguridad y motivarlo a expresar con libertad sus emociones para comprenderlo mejor. Una conversación a tiempo puede evitar que el trauma se prolongue”, recomendó.
Nuevas formas de violencia en el 2026
Durante los dos primeros meses de 2026 se reportaron 193 incidentes de violencia escolar en el Perú, según el Ministerio de Educación. La mayoría de las incidencias se registró en estudiantes de secundaria y alrededor del 53% corresponde a agresiones psicológicas.
Cabe destacar que el acoso entre estudiantes no ocurre únicamente en los pasillos de las instituciones educativas. El uso indebido de redes sociales y otras plataformas digitales ha generado nuevas formas de hostigamiento. Herramientas como la inteligencia artificial representan riesgos al facilitar a los agresores la creación de contenidos falsos, como imágenes, audios o videos que intensifican el sufrimiento de las víctimas. De no intervenir especialistas, advirtieron los expertos, este tipo de conductas podría terminar normalizándose entre los escolares.
Por ello, Bromley advirtió que las nuevas tecnologías también se utilizan como una forma de hostigamiento entre escolares. “Las redes sociales se emplean para insultar, burlarse o colocar apodos. Incluso toman fotografías o realizan grabaciones con sus celulares y luego las difunden abiertamente en internet. En los casos más graves, este tipo de prácticas puede derivar en suicidios”, indicó.(La República).