Como liberteños, sanchezcarrionistas y huamachuquinos, estamos expuestos a riesgos que podrían comprometer la seguridad de miles de familias
Mototaxi atrapada entre la intersección de los jirones Balta e Independencia. Año: Noviembre 2024. Foto: referencial - difusión.
La prevención debe ser una prioridad para las autoridades salientes y electas ante el riesgo de lluvias intensas, inundaciones, huaicos y desbordes de ríos.
El próximo enero, mientras los nuevos alcaldes y gobernadores regionales asuman sus cargos, el Perú podría enfrentar uno de sus mayores desafíos: prepararse para los posibles efectos del fenómeno El Niño. Esta coincidencia debe encender las alarmas en todos los niveles del Estado, especialmente en la región La Libertad, considerada entre las zonas expuestas a los impactos de este evento climático.
La naturaleza no entiende de ceremonias de juramentación, transferencias de poder ni primeros cien días de gestión. Las lluvias intensas, las inundaciones, los huaicos y los desbordes de ríos no esperan a que las nuevas autoridades organicen sus equipos técnicos, revisen expedientes o conozcan la situación financiera de sus municipalidades.
Como liberteños, sanchezcarrionistas y huamachuquinos, estamos expuestos a riesgos que podrían comprometer la seguridad de miles de familias, afectar la agricultura, deteriorar las carreteras y poner en peligro centros de salud, instituciones educativas y diversas actividades económicas.
No se trata de anunciar una catástrofe inevitable, sino de entender que la prevención debe comenzar antes de que se presenten las emergencias.
En ese contexto, el alcalde electo de la provincia de Sánchez Carrión, Joel Espinoza Alayo, los alcaldes electos de los distritos de la provincia y quien asuma el Gobierno Regional de La Libertad no pueden esperar hasta enero para empezar a prepararse. La gestión del riesgo de desastres debe incorporarse desde ahora al proceso de transferencia de gobierno, las reuniones con los equipos técnicos y la planificación de las prioridades presupuestales, para garantizar acciones concretas desde el primer día de gestión.
Sin embargo, la responsabilidad no recae únicamente en las futuras autoridades. La actual administración municipal provincial, encabezada por el alcalde Santos Ruiz Guerra, los alcaldes distritales y el Gobierno Regional de La Libertad, liderado por la gobernadora Joana Cabrera, tienen la responsabilidad de fortalecer las acciones preventivas y garantizar una transferencia ordenada y transparente de la información relacionada con los riesgos climáticos.
Es fundamental que las autoridades salientes pongan a disposición de sus sucesores los planes de contingencia, mapas de zonas vulnerables, evaluaciones de riesgos, inventarios de maquinaria, presupuestos disponibles, obras preventivas y protocolos de respuesta ante posibles lluvias extraordinarias. Asimismo, deben informar sobre las acciones ejecutadas y las medidas pendientes, a fin de evitar que el cambio de autoridades genere vacíos en la atención de las emergencias.
La población también necesita conocer qué medidas se están adoptando, qué sectores requieren atención prioritaria y cómo se actuará ante una eventual emergencia.
El fenómeno El Niño no esperará a que las nuevas autoridades se acomoden en sus despachos. Por ello, la coordinación entre las gestiones salientes y entrantes no debe ser un simple trámite administrativo, sino una prioridad para proteger la vida, los bienes y el desarrollo de nuestras comunidades.
La prevención no tiene colores políticos ni periodos de gobierno. Tiene un objetivo fundamental: evitar que la falta de planificación y anticipación termine convirtiendo un fenómeno natural en una tragedia social.
La Libertad, Sánchez Carrión y Huamachuco necesitan autoridades que actúen con responsabilidad, previsión y unidad. Porque, cuando se trata de proteger a la población, prevenir hoy puede significar salvar vidas mañana.
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