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miércoles, 2 de septiembre de 2026

Del pandillaje a la violencia y los secuestros: ¿cómo cambió el crimen organizado en Trujillo?

La evolución de los delitos también alcanzó actividades vinculadas con la minería ilegal en Pataz. | Fuente: Video: RPP | Fotografía referencial creada con IA

En RPP, el historiador Jorge Nureña y la antropóloga Cecilia Caparachín explicaron cómo las organizaciones criminales pasaron de cometer robos menores en la década de 1990 a controlar territorios y cobrar extorsiones a transportistas y comerciantes.

El secuestro del empresario minero Jenss Lara que desató un cuádruple asesinato el último fin de semana en Trujillo ha puesto nuevamente sobre la mesa el siguiente tema: el grado de evolución de la violencia y del crimen organizado en la capital de La Libertad. 

Lara Tantaquilla (31) fue liberado con vida, pero los cuatro ocupantes (dos hombres y dos mujeres) del vehículo en el que iba fueron liquidados durante el falso operativo policial que armaron los secuestradores.

Para el historiador Jorge Nureña, autor del libro ‘Esta bala lleva tu nombre: genealogía de la extorsión en Trujillo (1993-2014)’, el crimen organizado en la ciudad tiene antecedentes que se remontan a mediados de la década de 1990. 

En ese período surgieron los primeros registros de ‘Los Pulpos’, cuyo cabecilla Jhonsson Crus Torres (‘Jhonsson Pulpo’) fue capturado recientemente en Bolivia.

En Ampliación de Noticias, Nureña explicó que, hacia 1998 y 1999, la organización comenzó a cobrar una especie de “cupo-peaje” en el territorio que controlaba. Esta práctica, posteriormente, se volvió más sistemática con el robo masivo de vehículos registrado a inicios de los años 2000.

“Esta manera informal de cobrar se volvió sistematizada con el robo masivo de vehículos”, señaló.


Evolución de los delitos 

El historiador sostuvo que el delito evolucionó progresivamente: el control dejó de estar limitado a vehículos individuales y pasó a involucrar empresas. 

En ese contexto aparecieron los conocidos stickers utilizados para identificar a los vehículos que habían pagado una determinada tarifa a las organizaciones criminales. 

De acuerdo con Nureña, ‘Los Pulpos’ llevan alrededor de 30 años de actividad y atravesaron distintas etapas. 

Una de ellas se produjo entre 2018 y 2019, cuando comenzaron a involucrarse en secuestros, una modalidad que, de acuerdo con su investigación, habría incorporado prácticas utilizadas por delincuentes extranjeros. 

El especialista también destacó como un punto de quiebre una matanza ocurrida en 2005, en la que fueron asesinadas ocho personas y cuya autoría fue atribuida a Los Pulpos. 

A partir de entonces, señaló, se produjo un cambio en la dinámica criminal de Trujillo y se consolidó una modalidad de extorsión basada en la intimidación y el cobro de dinero a cambio de una supuesta protección. 

 “’Los Pulpos’ han venido a disputarle el predominio de la seguridad al Estado”, afirmó Nureña al explicar que, para algunos comerciantes y transportistas, pagar una extorsión puede generarles una “sensación de seguridad” mayor que recurrir a la Policía, debido a que consideran que las organizaciones criminales responden con mayor rapidez ante determinados conflictos.

La falta de intervención estatal permitió el crecimiento desmedido del crimen 

Por su parte, la antropóloga y especialista en Seguridad Ciudadana, Cecilia Caparachín, coincidió en que esta transformación fue progresiva y cuestionó que el Estado no haya brindado una atención adecuada durante las primeras etapas de este fenómeno. 

Explicó que, en la década de 1990, el pandillaje era un fenómeno extendido en el país, aunque aclaró que no todos los grupos de pandillas estaban vinculados con actividades delictivas. 

Caparachín sostuvo que algunos grupos comenzaron a pasar de robos menores al asalto de camiones, bancos y empresas. 

A su juicio, la falta de intervención oportuna permitió que algunos jóvenes involucrados en estas actividades evolucionaran hacia estructuras criminales más organizadas. La antropóloga explicó que también hubo una transición relacionada con el robo de vehículos. 

Los grupos criminales comenzaron a controlar el mercado de autopartes robadas en Trujillo y, cuando el robo de vehículos dejó de resultar rentable por la saturación de ese mercado, empezaron a exigir dinero a cambio de devolverlos. 

“Los mismos transportistas empezaron a darles una propina para que no les vayan a robar el vehículo”, relató Caparachín. 

Según explicó, esa práctica terminó convirtiéndose en una tarifa establecida para quienes transitaban por determinados territorios. Para la especialista, este proceso muestra cómo una práctica inicialmente informal terminó institucionalizándose dentro de las organizaciones criminales. 

A ello se sumó el carácter territorial de las pandillas, que posteriormente se hizo más agresivo cuando estas estructuras comenzaron a transformarse en bandas. 

La evolución del crimen organizado también alcanzó a la provincia de Pataz, donde la actividad minera se convirtió en un nuevo espacio para estas organizaciones. 

Nureña explicó que, desde aproximadamente 2016 y 2017, comenzaron a consolidarse mecanismos para obtener el control de socavones y territorios dentro de las concesiones mineras. 

Finalmente, ambos especialistas coincidieron en que la criminalidad que actualmente enfrenta Trujillo responde a un proceso de transformación que se inició hace décadas al margen del Estado; razón por la cual el reciente secuestro del empresario minero es una nueva muestra de la capacidad de violencia alcanzada por estas organizaciones.(RPP).